28 de abril de 2012

¿No puedes?

Hay ocasiones en las que uno se siente sin fuerzas para seguir. Se amontonan los problemas, el trabajo y las preocupaciones, cada día es más empinado que el anterior, te faltan las fuerzas y el ánimo parece abandonarte. La soledad se hace sombra de tu vida y los días se convierten en interminables jornadas de lucha... te dan ganas de huir, de gritar ¡No puedo!... y entonces siempre me acuerdo del cuento de Jorge Bucay... que decía...

"Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?  ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado—
Hice entonces la pregunta obvia:
—Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez..."


¡No puedo! Como él mismo dice, vivimos atados a cientos de estacas que nos restan libertad, vivimos pensando que "no podemos" porque alguna vez lo hemos intentado y no lo hemos conseguido, o porque ya tenemos interiorizado y grabado el mensaje.
Vivimos como si todo dependiera de nuestras fuerzas. ¿Por qué no cambiamos de registro? Hagamos nuestras las palabras del apostol "Te basta mi gracia. La fuerza se realiza en la debilidad" (Cor 12, 9). Pongamos nuestra confianza en el Señor, Único digno de Confianza.
Así suena diferente... Con Él, ¡puedo!

Y tú... ¿Sabes cuál es la "estaca" que te mantiene atado y te resta libertad?
¿Has vivido en la impotencia del "no puedo"?
¿Has experimentado alguna vez vivir con la confianza puesta en el Señor?



1 de abril de 2012

¿Qué vas a hacer con tu leña?


Los espeleólogos


«Cuentan que un grupo de espeleólogos quedaron sepultados por un alud en el interior de una cueva. El equipo de rescate no podría llegar hasta el amanecer.

Mientras, fueron recogiendo algo de leña y encendieron una fogata para calentarse. Sabían que si el fuego se apagaba, morirían irremisiblemente. Cuando se extinguió la llama y las brasas se cubrieron de ceniza, ninguno echó al fuego el puñado de leña que se habían guardado:

−Jamás daría yo mi leña ─pensó el primero─ para calentar a un negro.

−¡Lo tienen claro ─pensó el segundo─ si piensan que voy a regalar mi leña a estos holgazanes. Es mía, me ha costado muchísimo esfuerzo conseguirla.

−Es muy probable ─pensó el negro─ que tenga que utilizarla para defenderme. Además, jamás compartiría mi leña con quienes me oprimen o se niegan a reconocer mi propia dignidad.

−Este temporal puede durar varios días ─pensó el que era oriundo del lugar─ voy a guardar mi leña por si acaso.

−El quinto hombre parecía ajeno a todo. Era un soñador. Mirando fijamente las brasas, jamás le pasó por la cabeza ofrecer la leña que tenía.

Cuando llegó el equipo de socorro se encontró con cinco cadáveres congelados. El responsable comentó consternado: «lo que realmente les ha matado ha sido el frío interior».


En el XII Capítulo General que estamos celebrando las Esclavas de la Stma. Eucaristía del 1 al 16 de abril, se nos habló de mantener encendido nuestro fuego interior para poder ser luz, fuego y calor para cuantos se acerquen a nosotras...
Se nos decía: "Mantener encendida la «hoguera» se convierte también para cada una de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, para cada comunidad, en el proyecto evangelizador más urgente e importante. Compartir nuestra «leña», toda la «leña», será la única garantía de supervivencia, para poder tener luz y calor mientras esperamos el«amanecer»."


Todos, tú también, tenemos leña y fuego en el interior de nuestro corazón.
Y tú... ¿Qué vas a hacer con tu leña? ¿La vas a guardar sólo para ti o quieres ser fuego que arda consumiéndose y dando calor a tu alrededor?





26 de febrero de 2012

¡CUARESMA!

¡CUARESMA!
¡JESÚS TE INVITA A UN VIAJE ESPECIAL!

Una travesía de 40 días
en la que podrás disfrutar de muchas aventuras.

ITINERARIO:

- Travesía por el desierto
- Subida a una montaña
- Una semana en Jerusalén
- Una cena
- Y una fiesta grandiosa... ¡LA FIESTA DE LA PASCUA!

Porque lo esencial en la vida no se compra... ¡APÚNTATE A ESTE VIAJE!
y lo mejor... ¡PLAZAS ILIMITADAS!

(En la sección "a la luz de la Palabra" encontrarás el Evangelio de los domingos de cuaresma con un comentario que te puede ayudar a la oración con la Palabra.)
 
 
 

27 de enero de 2012

Pequeños gestos...

Hoy en mi colegio, con el lema de "La paz se deja ver" hemos celebrado el día de la Paz. Terminábamos la semana de sensibilización con los chavales en un acto en el patio en el que han participado todos los niños del colegio. Han trabajado haciendo sus dibujos, preparando canciones, gestos, símbolos, dialogando y debatiendo... pero hoy ha habido algo especial. Espontáneamente al final de la celebración, sin prepararlo, los mayores del colegio han unido sus brazos en una cadena y han bailado al ritmo de la canción que sonaba por megafonía y que habíamos aprendido. Aparentemente un gesto sencillo, normal... lo mágico ha sido ver a todo un colegio repetir el mismo gesto. Todos unidos pidiendo la paz y, he querido verlo así, queriendo vivir en paz. En paz con nuestros compañeros, con los que son diferentes a nosotros, con los que me caen mal o bien,... en paz conmigo mismo...
¡Pequeños gestos! Estamos necesitados de pequeños gestos que hagan de nuestra vida espacios donde crecer y vivir en paz: una sonrisa, una palmada, una mirada, una palabra o... bailar juntos ¿por qué no?

Y tú, ¿Te has preguntado qué pequeños gestos puedes ofrecer a los que están cerca?
¿Has pensado que puedes ser portador de paz?